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Siempre he sido un apasionado de las nuevas tecnologías aplicadas a la campo audiovisual. Y las tres dimensiones es una de las asignaturas en las que más despacio se ha ido hasta que se comenzaron a utilizar las imágenes estereoscópicas. En el cine aún se han usado muy poco y la película de la que voy a tratar hoy es una de las primeras que la han usado en todas y cada una de sus escenas, además de haberse rodado para Imax.

Beowulf

He ido a verla sin saber ni de qué trataba y sin impresiones previas de otros espectadores. Eso para mí es una ventaja, porque cuando me ponen demasiado bien una película me suelo llevar una desilusión. Lo bueno es cuando me la ponen a bajar de un burro y al verla me llevo una grata sorpresa, claro. Pero, como ya he comentado antes, esta vez iba casi en blanco. El argumento trata sobre un poema épico anglosajón escrito en inglés antiguo y titulado como la película: Beowulf. Es una historia épica, de héroes y dragones ambientada en el siglo V o VI d.C., con bastante fuerza y emocionante de principio a fin…

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Corni me ha dado tema para un nuevo “Relato con Calzador” y yo no puedo amedrentarme sea lo que sea. Aunque esta vez me lo ha puesto crudo, intentaré salir del paso. Se trata de la filmografía de Bud Spencer y Terence Hill. Y esto es lo que he podido hacer:

Trinidad

Era duro salir del armario en un barrio como el mío, lleno de familias conservadoras. Ese tipo de gente que piensa: “tú perdonas, yo no“. Pero yo era un homosexual muy valiente y acabó enterándose todo el vecindario. Lo peor era lo de esa pandilla de neonazis disfrazados de niños pijos. Siempre se metían conmigo. Los cuatro truhanes me escupían cuando pasaban a mi lado, me insultaban y hasta llegaron a golpearme. Acabé abandonando mi barrio e independizándome.

Entré a trabajar en el zoo, cuidando los animales, y me fuí a vivir a una casa compartida con unos drag-queens amigos míos. Cuando abríamos el armario se desparramaba la colina de las botas de plataforma. Era muy divertido vivir allí. Uno se llamaba Paco, pero le llamaban Trinidad. Se quiso cambiar el nombre artístico por el de Glicerina, pero le seguían llamando Trinidad de todas formas. El otro siempre estaba con lo de “piraaata p’aquí” y “piraaata p’allá”, y vestía de Jack Sparrow, pero con faldas, así que le llamaban “El Corsario Negro“. Pero lo más fuerte, muchachos, era el nombre de mi tercer compañero de piso: “La Loca de las Galaxias”. La llamaban así porque vestía unos días como Padme y otros como la princesa Leia, según le daba. La primera vez que me llevaron a ver su show me dijeron: “Tú te vienes esta noche y si no, nos enfadamos“, por lo que tuve que ir. Y no me arrepentí. El show era una especie de obra de teatro en la que dos misioneros y dos superpolicías muy cachas se conocían en un casino jugando a la ruleta, y entre que si les salía par-impar, ganaban o perdían, se enrollaban y terminaban en la habitación del hotel. Un show muy subidito de tono que me pareció terriblemente excitante. Además allí conocí a un chico que me pidió el teléfono.

Al día siguiente me llamó, se llamaba Alen, y yo muy nervioso sólo sabía decir “estoy con los hipopótamos“, así que no se atrevió a quedar conmigo. Trinidad me escuchó todas mis penas y me consoló como un buen amigo. Ya se sabe que quien tiene un amigo tiene un tesoro y para animarme me invitó a que acudiese al show de nuevo.

Ese día los dos que hacían de misioneros eran dos superesbirros, pero dos super dos, más cachas aún que los polis, que esta vez hacían de dos superpolicías en Miami que arrastraban por una playa a los dos superesbirros. Mientras veía el show me encontré de nuevo con Alen y esta vez estuve más tranquilo. Tanto que llevamos meses saliendo.

En navidades decidí presentárselo a mis padres y en noche buena se armó el Belén, porque mi padre tuvo que enfrentarse a la pandilla de los cuatro pandilleros a base de tartazos, demostrándome que me quería fuese como fuese.

Corni, uno de los pioneros lectores de este, mi modesto blog, me ha retado en la entrada de ayer. En ella comencé con una sección que convertiré en periódica y denominaré “Con Calzador“, ya que se trata de meter frases con calzador en un relato, extraídas de una lista. Y aceptando dicho reto he escrito este extraño relato a partir de los títulos de las películas de Paco Martínez Soria, siguiendo además su orden de realización de la más moderna a la más antigua:

Peligroso Casarse

Es peligroso casarse a los 60. Ya se vio lo que pasó con la tía de Carlos, mi vecino. Como se había casado muy mayor para poder tener hijos adoptó a unos gemelos llamados Jose y Juan y ¡vaya par de gemelos! Nos tenían a todos locos porque ella al ser tan mayor les consentía mucho. Yo, que estoy echo un chaval, aguantaba sus travesuras estoicamente, pero el alegre divorciado del tercero, por ejemplo, estaba harto de que le llamasen el calzonazos.

Carlos y los gemelos llamaban a sus tíos abuelos, y un día me dijo Carlos, hablando de su reciente tío: “el abuelo tiene un plan, el divorciado ha dejado preñada a su ex-mujer y no quiere que se sepa que es el padre de la criatura, pero voy a contárselo a los gemelos para que lo escriban con un spray en la pared del patio”. Los gemelos prepararon una doble ofensiva argumentando “hay que educar a papá“, bueno, mejor dicho “hay que educar al abuelo” porque estaban cansados de que les animase en sus travesuras en vez de recriminarles. De hecho a escondidas le pusieron el mote Don Erre Que Erre. Y la pintada al final rezaba: “LA EX-MUJER DEL VECINO DEL TERCERO VA A TENER UN BEBÉ CON EL ABUELO RECIÉN CASADO”, y claro, se armó el belén.

Pero como el recién casado tío de Carlos era un abuelo “made in Spain” tuvo una idea muy original y, en vez de castigar a los gemelos, dijo “el turismo es un gran invento, así que ¿qué hacemos con los hijos para que aprendan? Pues llevarlos de vacaciones a un sitio en el que les tengamos bien controlados. Además yo soy un hombre muy de pueblo y la ciudad no es para mí con lo que nuestras sendas marcadas son las que nos llevan a mi pueblecito, en la costa”. Su desconsolada esposa sabía lo que significaba eso del veraneo en España, y le daba pánico. De hecho, esa noche tuvo una terrible pesadilla en la que un veraneante extranjero era en realidad un zombi que se metía por las noches en su tienda de campaña e intentaba abusar de ella. Entonces se despertó sobresaltada gritando “¡Este difunto es un vivo!” y su marido tuvo que calmarla pidiéndole que no se asustase, que sólo había sido una fantasía española muy típica de los que veranean en lugares repletos de extranjeros. Pero ella aún continuaba gritando: “¡eso nos pasa por acampar en la montaña sin ley!” y sus nervios le duraban hasta que se despertaba del todo y se le pasaba la danza del corazón.

Tenían tan atados en corto a los gemelos cuando estuvieron de vacaciones que sintieron que tenían las almas en peligro. Después de todo eran niños, que es natural que hagan travesuras. Dejaron que saliesen de casa tras esa conclusión, y es cuando destrozaron aquella preciosa exposición del hombre de los muñecos. Se originó así una gran discusión, un comprensible enredo de familia al ser padres muy mayores de niños adoptados. Por ello se arrepintieron de haber discutido y se reconciliaron sintiéndose deliciosamente tontos. Después de su boda accidentada nada podría separarles, aunque muchos dijesen que estaban viviendo al revés su vida.

Los gemelos se hicieron mayores y se asentaron más de lo esperado. Juan ha acabado siendo cura, porque dice que siente muy dentro el alma de Dios, después de haber pecado tanto. Jose, al que todos llaman Paco Paquete, el fotógrafo público número uno, es un famoso paparazzi que opera al margen de la ley. Y mi vecino y amigo Carlos, por un error de juventud, tuvo hijos muy pronto, lo que le obligó a aceptar el trabajo de sereno… y tormenta tras tormenta, pasa las noches en vela todos los inviernos. Pero nadie puede culpar de eso a sus tíos, después de todo, cuando la culpa en realidad la tiene Paco Martínez Soria. 😉

Estaba leyendo la lista de canciones de un disco de Singstar, concretamente el de “La Edad de Oro del Pop Español“, cuando se me ha ocurrido la curiosa idea de escribir un texto con todos esos títulos y además ordenados como en el disco. Ha quedado una cosa muy rara, pero quizás os divierta leerla. Aquí lo tenéis (los títulos son enlaces al vídeos relacionados):

La Edad de Oro del Pop Español

La chica se había hecho ideas preconcebidas y en cuanto me la presentaron lo primero que me dijo fue “No me beses en los labios“. Pero yo me dije “A quién le importa lo que piense una niñata pija como esta, por muy buena que esté”. Me había fijado en ella mientras estaba bailando en la pista y al verla pensé “no dudaría en acercarme a esa preciosidad y preguntarle ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste? o, por ser un poco original, ¿qué hace un sitio como este rodeando a una chica tan guapa como tú?” y ya estaba degustando el sabor de amor de su voluptuoso cuerpo con mi imaginación. Si es que tenía un tipazo que era pura dinamita, y mirándola me sentía como si cien gaviotas revolotearan en mi cabeza. Y parecía mi noche de suerte, porque era amiga de Mari Pili, que fue quien me la presentó. Se llamaba Raquel. Ya me las prometía yo muy felices, el calor del amor en un bar se podía intuir. Pero mientras me la presentaban, y ella se ponía borde, un tipo gritó a otro “sufre mamón, devuélveme a mi chica” y se enzarzaron en una tremenda pelea cuando la paciencia del “roba-chicas” llegó hasta el límite.

El encargado del local paró la pelea y uno de ellos citó al otro: “Nos veremos las caras cuando brille el sol, en el rompeolas, en la puerta del cine en el que proyectan “El Imperio Contraataca“. Me encantaba ese rompeolas a orillas del Mediterráneo, aunque ningún escenario es bueno para una pelea, claro. Menos mal que yo no me metía nunca en líos, ya que nada tienen que ver con mi vida rosa, soltero de oro, y emancipado desde que le dije a mi progenitor “adiós papá, déjame que me establezca por mi cuenta” en cuanto cumplí los dieciocho. Y he demostrado un año más que me arreglo perfectamente sólo. Hasta que conocí a Raquel.

Porque al final sí que ligué con la pija, y terminó viviendo en mi piso. Yo siempre le decía que no quería vivir con nadie y ella me preguntaba “entonces ¿que hago yo aquí?” y yo contestaba “es por tu amor, que me está volviendo loco”. Aunque discutíamos mucho, sobre todo por las noches. Yo terminaba diciéndole “¡vístete y lárgate de mi casa, te quiero mucho pero no controles completamente mi vida!”. Esas discusiones eran como el rosario de la aurora, muy violentas. Parecía un ataque preventivo de la URSS, con lámparas y ceniceros volando. Al final nos reconciliábamos pero, al día siguiente, yo reconozco que estaba de nuevo loco por incordiar.

Me deprimía cada vez que llegaba a casa y veía el letrerito de la puerta que decía “MANUEL – RAQUEL“. Me encantaba el otro chiquitito que había antes de que ella llegase. Y además siempre me llevaba de vacaciones a sitios que no me gustaban, como por ejemplo Madrid, donde yo no me cansaba de repetirle “Puede haber Retiro, Casa Campo y Ateneo, puede haber mil cines, mil teatros, mil museos, puede tener Corrala, organillos y chulapas, pero queridísima Raquel, al llegar agosto y el verano aquí no hay playa“. Pero ella estaba embrujada por la capital, y a mí sólo me apetecía rociar esa horrible ciudad con ese líquido inmundo que era mi agüita amarilla.

Se acabó. El año que viene quiero vivir solo. Iré de vacaciones a Groenlandia con ella o sin ella.

Planeta Azul Nº4

Planeta, porque tiene cuerpo, aunque no sea celeste, pero sí azul.

Azul, porque es el color de la cuarta dimensión.

Número 4, por cuatro razones misteriosas.

El color sí importa, porque sin lo superfluo nada tiene el mismo sentido.

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