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Esta semana los crossblogers debemos contar el mejor concierto al que consideramos que hemos asistido. Siendo sincero confesaré que no he ido a muchos, a pesar de que me considero melómano, pero el bullicio nunca me ha atraído. De hecho fui a unos cuantos gracias a que un amigo me conseguía invitaciones, por no desperdiciarlas. Con lo que, en resumidas cuentas, se pueden contar con los dedos de las manos las veces que he asistido pagando a escuchar música en vivo, además de que todas ellas se dieron hace unos cuantos años.

Pero resulta que sí hay un concierto que recuerdo con especial cariño. Supongo que muchos retendrán en su memoria aquel concierto en el que estuvieron con su primer amor, o en el que ligaron con aquella muchacha de piernas tan largas, de esas que llegan hasta el suelo. Pues resulta que la acompañante de mi concierto de la noche de aquél día fue nada más y nada menos que mi señora madre. Y era un concierto de rock, sí, no de música clásica o melódica. Pero es que tengo la suerte de tener una amatxu muy al día, con la que comparto gustos musicales en numerosas ocasiones.

Corría el año 1991 cuando los Dire Straits pasaron por Bilbao y yo no me lo quise perder. Mi ama tampoco, por lo que acudimos a la Plaza de Toros de Vista Alegre preparados para disfrutar viendo a Mr. Mark Knopfler hacer alarde de su virtuosismo con las uñas sobre las cuerdas de la guitarra. Es de reseñar que es de los pocos guitarristas que no usa púa, y esto hace que su sonido sea personal e inconfundible.

Knopfler

El concierto cumplió con todas mis previsiones. Lo vimos sentados, que ya había dicho que no me gustaban las aglomeraciones, y el sonido era estupendo a nivel técnico. Uno de mis discos preferidos ya era un directo de “los Dire”, el “Alchemy”, que recomiendo a todo amante de la música, con lo que sabía más o menos lo que me iba a encontrar.

Y es que lo que nos hemos encontrado los seguidores de esta banda es que en sus conciertos las canciones no suenan como en el álbum de estudio. Suenan mejor y, lo que es más impactante, suenan más. No me refiero al volumen, claro, me refiero a la longitud de los temas. Mark adorna la interpretación en vivo de sus temas con unos apoteósicos punteos, que convierten los grandes clásicos de este gran grupo en melodías míticas, que superan con creces a las versiones originales salidas del estudio de grabación.

Y en el concierto de la gira “On Every Street” en Bilbao la cosa no fue diferente. Las canciones sonaron de miedo y con sus correspondientes punteos monumentales al final de algunas de ellas. Punteos que por cierto nunca he tenido muy claro, ni me importa mucho mientras pueda disfrutarlos, si son improvisados o ensayados. Aunque por su maestría, y si tuviera que hacerlo, apostaría por lo segundo.

Como colofón, cuando se retiró la banda, el bis fue una versión acústica de un tema interpretado por Knopfler en solitario. Con ese final los miles y miles de asistentes al evento cupimos en su bolsillo.

 

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