Estaba leyendo la lista de canciones de un disco de Singstar, concretamente el de “La Edad de Oro del Pop Español“, cuando se me ha ocurrido la curiosa idea de escribir un texto con todos esos títulos y además ordenados como en el disco. Ha quedado una cosa muy rara, pero quizás os divierta leerla. Aquí lo tenéis (los títulos son enlaces al vídeos relacionados):

La Edad de Oro del Pop Español

La chica se había hecho ideas preconcebidas y en cuanto me la presentaron lo primero que me dijo fue “No me beses en los labios“. Pero yo me dije “A quién le importa lo que piense una niñata pija como esta, por muy buena que esté”. Me había fijado en ella mientras estaba bailando en la pista y al verla pensé “no dudaría en acercarme a esa preciosidad y preguntarle ¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste? o, por ser un poco original, ¿qué hace un sitio como este rodeando a una chica tan guapa como tú?” y ya estaba degustando el sabor de amor de su voluptuoso cuerpo con mi imaginación. Si es que tenía un tipazo que era pura dinamita, y mirándola me sentía como si cien gaviotas revolotearan en mi cabeza. Y parecía mi noche de suerte, porque era amiga de Mari Pili, que fue quien me la presentó. Se llamaba Raquel. Ya me las prometía yo muy felices, el calor del amor en un bar se podía intuir. Pero mientras me la presentaban, y ella se ponía borde, un tipo gritó a otro “sufre mamón, devuélveme a mi chica” y se enzarzaron en una tremenda pelea cuando la paciencia del “roba-chicas” llegó hasta el límite.

El encargado del local paró la pelea y uno de ellos citó al otro: “Nos veremos las caras cuando brille el sol, en el rompeolas, en la puerta del cine en el que proyectan “El Imperio Contraataca“. Me encantaba ese rompeolas a orillas del Mediterráneo, aunque ningún escenario es bueno para una pelea, claro. Menos mal que yo no me metía nunca en líos, ya que nada tienen que ver con mi vida rosa, soltero de oro, y emancipado desde que le dije a mi progenitor “adiós papá, déjame que me establezca por mi cuenta” en cuanto cumplí los dieciocho. Y he demostrado un año más que me arreglo perfectamente sólo. Hasta que conocí a Raquel.

Porque al final sí que ligué con la pija, y terminó viviendo en mi piso. Yo siempre le decía que no quería vivir con nadie y ella me preguntaba “entonces ¿que hago yo aquí?” y yo contestaba “es por tu amor, que me está volviendo loco”. Aunque discutíamos mucho, sobre todo por las noches. Yo terminaba diciéndole “¡vístete y lárgate de mi casa, te quiero mucho pero no controles completamente mi vida!”. Esas discusiones eran como el rosario de la aurora, muy violentas. Parecía un ataque preventivo de la URSS, con lámparas y ceniceros volando. Al final nos reconciliábamos pero, al día siguiente, yo reconozco que estaba de nuevo loco por incordiar.

Me deprimía cada vez que llegaba a casa y veía el letrerito de la puerta que decía “MANUEL – RAQUEL“. Me encantaba el otro chiquitito que había antes de que ella llegase. Y además siempre me llevaba de vacaciones a sitios que no me gustaban, como por ejemplo Madrid, donde yo no me cansaba de repetirle “Puede haber Retiro, Casa Campo y Ateneo, puede haber mil cines, mil teatros, mil museos, puede tener Corrala, organillos y chulapas, pero queridísima Raquel, al llegar agosto y el verano aquí no hay playa“. Pero ella estaba embrujada por la capital, y a mí sólo me apetecía rociar esa horrible ciudad con ese líquido inmundo que era mi agüita amarilla.

Se acabó. El año que viene quiero vivir solo. Iré de vacaciones a Groenlandia con ella o sin ella.